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OpenAI acaba de revelar en qué ha estado trabajando su nuevo equipo interno, OpenAI for Science. La empresa ha lanzado una herramienta gratuita impulsada por un modelo de lenguaje para científicos llamada Prism, que integra ChatGPT en un editor de texto para redactar artículos científicos. 

La idea es situar ChatGPT en el centro del software que los científicos utilizan para escribir sus trabajos, del mismo modo que hoy los chatbots están integrados en populares editores de programación. Es vibe coding, pero para la ciencia. 

Kevin Weil, responsable de OpenAI for Science, refuerza esa analogía él mismo. “Creo que 2026 será para la IA y la ciencia lo que 2025 fue para la IA en la ingeniería de software”, afirmó hace dos días en una rueda de prensa. “Estamos empezando a ver ese mismo tipo de punto de inflexión”. 

OpenAI afirma que alrededor de 1,3 millones de científicos de todo el mundo envían más de 8 millones de consultas a la semana a ChatGPT sobre temas avanzados de ciencia y matemáticas. “Eso nos dice que la IA está pasando de ser una curiosidad a convertirse en un elemento central del flujo de trabajo de los científicos”, señaló Weil.  

Prism es una respuesta a ese comportamiento de los usuarios. También puede interpretarse como un intento de atraer a más científicos al ecosistema de productos de OpenAI en un mercado repleto de chatbots rivales. 

“Yo uso sobre todo GPT-5 para escribir código”, comenta Roland Dunbrack, profesor de biología en el Fox Chase Cancer Center de Filadelfia (Pennsylvania, EE UU), que no tiene relación con OpenAI. “Ocasionalmente, le hago a los LLM una pregunta científica, básicamente esperando que pueda encontrar información en la literatura más rápido que yo. Antes inventaba referencias, pero ya no parece hacerlo muy a menudo”. 

Nikita Zhivotovskiy, estadístico de la Universidad de California, Berkeley (California, EE UU), afirma que GPT-5 ya se ha convertido en una herramienta importante en su trabajo. “A veces ayuda a pulir el texto de los artículos, detectando errores tipográficos o fallos matemáticos, y ofrece comentarios en general bastante útiles”, asegura. “Es extremadamente útil para resumir rápidamente artículos de investigación, lo que hace que la interacción con la literatura científica sea más fluida”. 

Al combinar un chatbot con una pieza de software cotidiano, Prism sigue una tendencia marcada por productos como Atlas de OpenAI, que integra ChatGPT en un navegador web, así como por las herramientas ofimáticas impulsadas por LLM de empresas como Microsoft o Google DeepMind. 

Prism incorpora GPT-5.2, el mejor modelo de la compañía hasta ahora para la resolución de problemas matemáticos y científicos, dentro de un editor para redactar documentos en LaTeX, un lenguaje de marcado habitual entre los científicos para dar formato a los artículos académicos. 

Una caja de chat de ChatGPT aparece en la parte inferior de la pantalla, bajo la vista del artículo que se está redactando. Los científicos pueden recurrir a ChatGPT para lo que deseen. Puede ayudarles a redactar el texto, resumir artículos relacionados, gestionar las citas, convertir fotos de garabatos de una pizarra en ecuaciones o diagramas, o incluso debatir hipótesis o demostraciones matemáticas. 

Es evidente que Prism podría ahorrar una enorme cantidad de tiempo. También es evidente que mucha gente podría sentirse decepcionada, especialmente después de semanas de comentarios muy sonados en las redes sociales por parte de los investigadores de la empresa sobre lo bueno que es GPT-5 para resolver problemas matemáticos. La ciencia se está ahogando en la basura de la IA: ¿No empeorará esto aún más las cosas? ¿Dónde está el científico de IA totalmente automatizado de OpenAI? ¿Y cuándo hará GPT-5 un nuevo descubrimiento sorprendente? 

Ese no es el objetivo, asegura Weil. Le encantaría ver a GPT-5 hacer un descubrimiento. Pero no cree que eso v sea lo que tendrá mayor impacto en la ciencia, al menos no a corto plazo. 

“Creo que, de una forma más potente (y con un 100% de probabilidad), se producirán 10.000 avances científicos que quizá no habrían ocurrido, o no habrían ocurrido tan rápido, y la IA habrá contribuido a ello”, afirmó Weil en una entrevista exclusiva con MIT Technology Review esta semana. “No será un faro resplandeciente; será simplemente una aceleración incremental y acumulativa”.