Un sistema de visualización holográfico a todo color se actualiza cada dos segundos, lo suficientemente rápido para enviar imágenes 3-D en directo.
Un equipo de investigadores ha dado un paso importante hacia un sistema de videoconferencia holográfica que permitiría a las personas comunicarse entre sí casi como si estuvieran en la misma habitación. Ellos han desarrollado una pantalla 3-D a todo color que se actualiza cada dos segundos, y lo han utilizado para enviar imágenes en directo de un investigador en California a sus colaboradores en Arizona. En los próximos años, los investigadores esperan desarrollar un sistema que se actualice con la misma frecuencia que el vídeo estándar y que pueda competir con otras pantallas de 3-D.
"La holografía es la mejor opción para las pantallas 3-D, ya que es lo más cercano a la forma en que vemos nuestro entorno", señala Nasser Peyghambarian, director de fotónica y láseres de la Universidad de Arizona. Un holograma es una pantalla que utiliza un efecto óptico llamado difracción para producir la luz que normalmente provendría del objeto en la imagen si el objeto físico estuviera delante del espectador. Las imágenes holográficas parecen ser proyectadas en el espacio delante de la pantalla. Moviéndose alrededor de una imagen holográfica, es posible ver los objetos mostrados desde diferentes ángulos.
Los hologramas no requieren gafas para ser vistos y, a diferencia de otros sistemas 3-D sin gafas, pueden ser usados por varias personas simultáneamente sin tener que estar quieto en un lugar determinado. Sin embargo, el desarrollo de las pantallas holográficas ha quedado a la zaga de otros sistemas 3-D debido a la dificultad de desarrollar materiales holográficos que puedan ser rápidamente reescritos para cargar una nueva imagen.
La primera pantalla holográfica de vídeo fue desarrollada en el Media Lab del MIT en 1989. El volumen del holograma fue de tan sólo 25 milímetros cúbicos, más pequeño que un dedal. Desde entonces, los investigadores han estado tratando de desarrollar sistemas holográficos prácticos, pero se han encontrado con limitaciones en la ampliación de estas pantallas a tamaños más grandes. Un gran reto ha sido el intento de eliminar el uso de los componentes ópticos caros sin sacrificar la frecuencia de actualización.
Algunas empresas venden pantallas 3-D para aplicaciones médicas y de diseño, pero muchos de estos sistemas no producen hologramas reales, y tienden a ser caros, sobre todo porque se producen en pequeñas cantidades. "Algunas requieren láseres, otras necesitan ordenadores potentes para funcionar, o muchas pantallas agrupadas", explica Jennifer Colegrove, directora de tecnologías de visualización de la empresa de investigación del sector, DisplaySearch. Ella señala que en 2010, este tipo de pantallas “volumétricas” habrán generados 5 millones de dólares en ingresos, una pequeña porción del mercado de mil millones de dólares de las pantallas en 3-D. A pesar de su coste, destaca ella, "estas pantallas aún son primitivas", y les falta una combinación de calidad de imagen, velocidad y tamaño de la pantalla.