
El sector eléctrico y el de las telecomunicaciones viven un momento clave de transformación impulsado por la transición ecológica y la digitalización, que plantean desafíos como la integración de energías renovables, la optimización de las infraestructuras para una mayor eficiencia técnico-económica en la consecución de los objetivos de descarbonización, el crecimiento exponencial de la demanda de conectividad y la automatización de procesos, obligándonos a ser innovadores y a repensar los modelos operativos de estas dos industrias esenciales para la sociedad.
En un escenario como este, las tecnologías disruptivas surgen como fuerzas catalizadoras del cambio. Por ejemplo, según un análisis de la Fundación COTEC con datos del INE, en 2024 el 21,1% de las empresas españolas con 10 o más empleados declaró utilizar tecnologías de Inteligencia Artificial en sus procesos productivos, frente al 12,4% en 2023, lo que representa un incremento de casi nueve puntos en solo un año.
Aunque la adopción todavía no es generalizada, la tendencia de crecimiento es clara y, en los sectores eléctrico y de las telecomunicaciones este tipo de tecnologías ya se perfilan como claves para afrontar la transición ecológica y la digitalización, mejorando la eficiencia y la operación.
A nuestro juicio, hay al menos siete tecnologías disruptivas que ya están redefiniendo el panorama energético y de las telecomunicaciones. Una de ellas es el nuevo equipamiento y los materiales, que permiten avanzar en el almacenamiento energético y en la electrónica de potencia mejorando la capacidad técnica de los sistemas eléctricos para gestionar e integrar grandes volúmenes de energías renovables de forma segura y eficiente.
Asimismo, el uso de herramientas tecnológicas inmersivas y de robótica como la realidad virtual, la realidad aumentada, la realidad extendida, el metaverso y el uso de drones están revolucionando la capacitación, la productividad, la seguridad de las personas y la toma de decisiones.
Por otra parte, las plataformas digitales y computación avanzada como Web3, Edge Computing, Big Data, Blockchain y la computación cuántica multiplican la capacidad de procesamiento de grandes volúmenes de datos y refuerzan la seguridad y trazabilidad de la información, abriendo nuevas oportunidades para la gestión inteligente de infraestructuras.
En cuanto a la automatización de tareas y la optimización de recursos, la Inteligencia Artificial, la analítica avanzada y los datos sintéticos permiten anticipar posibles fallos o incidencias gracias a modelos predictivos que mejoran la eficiencia global. Este procesamiento avanzado de datos permite desarrollar soluciones más precisas y adaptativas a los constantes cambios y variables.
Además, la automatización de procesos críticos se apoya también a través de infraestructuras de conectividad como las redes cableadas, que proporcionan conectividad estable, segura y de baja latencia.
En cuanto a la seguridad, son imprescindibles las soluciones de ciberseguridad, tanto en tecnologías de la información (IT) como en tecnologías operativas (OT), para proteger la confidencialidad, integridad, disponibilidad y legalidad de los datos, así como para asegurar la operación ininterrumpida de infraestructuras críticas.
Por otro lado, la proliferación de sensores, dispositivos wearables y plataformas conectadas permite monitorizar en tiempo real el estado de activos e infraestructuras, facilitando la gestión y toma de decisiones remota, y la mejora de la seguridad tanto de equipos como de personas.
Un ejemplo concreto del impacto tecnológico en ambos sectores es nuestro proyecto ASUMO, que impulsa la transición energética mediante la digitalización y monitorización de activos en tiempo real. A través de tecnologías como el Internet de las Cosas (IoT), la Inteligencia Artificial y la analítica de datos, nos permite una gestión más eficiente y sostenible de las infraestructuras, optimizando recursos y anticipando posibles incidencias para garantizar la calidad y seguridad del servicio.
Con perspectiva, la verdadera disrupción tecnológica requiere un enfoque de innovación abierta, donde la colaboración entre empresas, instituciones y expertos de diferentes áreas sea clave para acelerar la transformación. En este sentido, el rol del Technology Ecosystem Manager es fundamental en este escenario para identificar tecnologías viables y conectarlas con necesidades reales de negocio, facilitando la adopción de soluciones eficaces que lleguen a la red y aporten valor tangible.
En definitiva, los sectores eléctricos y de telecomunicaciones deben adaptarse de forma ágil a los retos de la transición ecológica y la digitalización. Las tecnologías disruptivas ya nos están demostrando su capacidad para impulsar la innovación y mejorar la eficiencia. La integración exitosa de estas soluciones requiere un ecosistema colaborativo en el que todos los actores clave trabajen juntos para hacer realidad una transformación sostenible y competitiva.
Miguel Lorenzo, Technology Ecosystem Manager en Elewit





