Reineke y sus colegas pudieron alcanzar este tipo de resultados tan satisfactorios gracias a una serie de modificaciones en el diseño, así como ciertas mejoras en el dispositivo. Uno de estos cambios consiste en reducir el voltaje al que opera el dispositivo mediante la estimulación del material orgánico que conecta el material emisor de luz con los contactos metálicos. “La eficiencia de este dispositivo se ve altamente reducida si se coloca cerca de un contacto metálico” debido a un fenómeno llamado enfriamiento o temple, afirma Reineke.
Otro truco consistió en hacer que las superficies exte as del dispositivo a partir de tipos de vidrio que tuvieran propiedades ópticas que se acercaran lo más posible a las propiedades del sustrato que se encierra en el dispositivo. Si no fuera así, gran parte de la luz emitida se vería reflejada y o bien sería reabsorbida o se perdería en el calor. “Dentro de las estructuras convencionales, alrededor de un 80 por ciento de la luz se acaba perdiendo,” afirma Reineke.
Sin embargo, el aspecto más novedoso de este nuevo OLED consiste en la organización de los distintos materiales emisores de luz dentro del dispositivo. Se usan tres materiales—cada uno emite una luz de un color distinto: azul, roja y verde—a lo largo de un material “anfitrión” que actúa como matriz y los separa físicamente. El truco que empleó Reineke consiste en escoger un material matriz con un alto “estado del espín” que sea igual al del material que emite la luz azul, y colocar dicho material azul entre el verde y el rojo, como si fuera parte del mismo material matriz “anfitrión” que se usa para separar los tres materiales.
“Los estados de la matriz y del azul son prácticamente idénticos,” afirma Reineke. Esto significa que cualquier par de agujeros de electrón (excitones) que se escapen de los materiales rojo y verde tendrán que pasar a través del azul, con lo que se incrementa la probabilidad de que se conviertan en fotones.
“Han hecho un buen trabajo ajustando las capas de LEDs para conseguir un buen grado de eficiencia cuántica,” afirma Kazlas. “Resulta muy prometedor para los OLEDs, aunque desde un punto de vista industrial los OLEDs aún tienen mucho camino por recorrer.”
De hecho, el problema principal de los OLEDs es su longevidad. Aunque compañías como Philips están dispuestas a fabricar dispositivos con unas duraciones parecidas a las de las bombillas fluorescentes—más de 10.000 horas—aquellos materiales que proporcionan rendimientos más altos no consiguen durar tanto tiempo. “Nuestros dispositivos suelen durar sólo unas pocas horas,” afirma Reineke.
