Así lo cree Antoni Gutiérrez-Rubí (Barcelona, 1960), asesor de comunicación, consultor político y autor del libro Smart CitiZens. Ciudades a escala humana, donde explica: "Pensar la ciudad sin la colaboración de sus habitantes ya no es una opción. (…) Por eso hoy podemos y debemos hablar de ciudadanía inteligente". En esta entrevista, Gutiérrez-Rubí da las claves sobre la nueva realidad urbana y los desafíos a los que se enfrentan sus ciudadanos, y hace hincapié en la necesidad de una tecnología cívica y ciudadana al servicio del habitante, y no al revés.
nPara empezar, ¿qué es un smart citizen o ciudadano inteligente?
nEs un ciudadano que hace de la tecnología una alianza imprescindible para ejercer mejor su ciudadanía y profundizar en la dimensión cívica de su condición de habitante. Hoy en día se puede ser ciudadano de manera más competente, eficaz y profunda si introducimos la variable tecnológica.
n¿Cómo puede el ciudadano de una smart city intervenir en la planificación urbana?
nDe varias maneras. Los ciudadanos inteligentes conectados que interaccionan con la tecnología generan muchos datos. Esa información puede ser utilizada para mejorar la prestación de servicios públicos, este es un punto clave. Pero un smart citizen también es más proactivo para exigir sus derechos, proclamarlos, identificarlos, trazarlos y ejercerlos. Es más responsable y tiene mejor comportamiento cívico, más capacidad, más autonomía y más soberanía para fiscalizar, monitorizar y denunciar aquellas cosas que no funcionan o que podrían ser mejoradas.
nUsted es precisamente impulsor de la iniciativa apps4citizens, plataforma web que promueve el uso de las aplicaciones como instrumento tecnológico al servicio de la ciudadanía. ¿Qué papel juegan este tipo de plataformas en el desarrollo del smart citizen?
nLas aplicaciones permiten vivir la ciudad con mayor plenitud y hacen que el ciudadano sea el protagonista, y no un paciente, un sufridor o un acompañante de la misma. Afortunadamente, tenemos un notable desarrollo de aplicaciones cívicas, que tienen la misma calidad que cualquier otra aplicación de carácter comercial o profesional.
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Foto: Los ciudadanos inteligentes que están conectados y utilizan la tecnología generan muchos datos que pueden utilizarse para mejorar los servicios de la ciudad.
n¿Dónde está la frontera entre las ciudades inteligentes y su humanidad?
nAún hay un enfoque excesivamente tecnológico en las smart cities. En la cultura de productos y servicios alrededor de las ciudades inteligentes, promovida por las empresas y también estimulada por las administraciones, se ha puesto más el acento en los datos que en las personas, más en las infraestructuras que en las condiciones de vida, y no siempre ha habido una pasarela adecuada entre tecnología y ciudadanía.
nAhora tenemos que ir a un planteamiento de smart citizen en donde lo importante sea el ciudadano en todas sus dimensiones, al que la tecnología le permita ejercer su condición de habitante con plena autonomía, soberanía y capacidad. Este es el punto en el que hay que poner más recursos.
nn"No se puede ejecutar ninguna política pública de futuro sin los alcaldes metropolitanos"
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¿Cuál es la nueva realidad urbana a la que se enfrenta un ciudadano?
nNos acercamos a la conectividad permanente y holística, esa que nos encontramos en todas partes y en todo momento. Cada vez es más fácil y más cómodo estar en ella desde el punto de vista de la cotidianidad, porque nos permite incorporarla en la vida personal de una manera muy sencilla. También nos acercamos a nuevos problemas y retos generados por esa conectividad, desde el control de los datos y la privacidad, hasta la capacidad de tener poder sobre ellos.
nPor otro lado, nos enfrentamos a la privatización de la vida: que tengamos cada vez más datos generados por nuestra interacción con el ento o sobre cómo somos, qué queremos, cómo nos comportamos y qué hacemos, introduce una mercantilización de la vida cotidiana. Ese es otro reto a debatir: ¿cómo proteger la libertad en escenarios donde, cada vez más, los algoritmos y la tecnología generan un líquido amniótico digital que se anticipa a las necesidades, deseos e incluso las propias ideas? Más que tener la opción de elegir, solo tenemos opción de seguir.
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Foto: La permanente conectividad enfrenta a las ciudades y sus habitantes a nuevos desafíos relacionados con el control y la privacidad de los datos.
n¿Cómo ha cambiado el funcionamiento inte o de las ciudades en estos últimos años?
nHa cambiado y está cambiando sobre todo en la planificación de servicios públicos. Hoy ya no se puede diseñar ningún espacio público, equipamiento o infraestructura sin la variable digital. Es un cambio total. La tecnología penetra en todos los recovecos de la vida urbana creando nuevos conceptos del espacio público. Esto es interesante, porque lo público o lo privado ya no acaba cuando llega el límite de mi infraestructura; hay nuevas redefiniciones. Si entro en la sala de una cafetería, es un espacio privado, pero quiero que la red wifi sea pública. Las interacciones entre lo público y lo privado se están enraizando, las transiciones son más densas y más ricas, pero menos físicas. Eso está reconfigurando el espacio púbico.
n¿Cómo será ese espacio urbano del futuro?
nEsa va a ser la gran batalla: ¿cómo aumentamos la dimensión pública de la ciudad? Ahora hay espacios digitales y nuevas realidades. ¿Dónde empieza mi casa, en mi puerta, en mi acera o en mi calle? Definir la dimensión de lo público en ciudades cada vez más complejas es uno de los grandes retos.
nHablando de retos, nos enfrentamos cada vez más al problema de las megaurbes, la saturación de las ciudades, al envejecimiento de la población… ¿Qué se puede hacer desde la smart city para lidiar con ello?
nLas ciudades tienen un nivel de concentración de población, riqueza y problemas que las convierten en el espacio prioritario para la actuación de la política. Lo que no resolvamos bien en la ciudad, no lo resolveremos en los estados ni en el planeta. El problema es que son enanas políticamente hablando y su capacidad de actuación es limitada comparada con los retos con los que viven. Por eso hay que ensayar nuevos modelos de gobe anza.
nPor ejemplo, para hacer frente al tema del envejecimiento y las personas que viven solas en las ciudades, es necesaria más capacidad, no solo para coordinar servicios, sino para diseñarlos. No me refiero a la respuesta paliativa, sino a la planificación. ¿Qué pisos tendremos que hacer para personas mayores que van a vivir más años? ¿Qué tipo de tecnología, infraestructura y distribución inte a tendrán que tener? El rediseño de los servicios y los edificios con la variante tecnológica debe ser profundo, porque no solo afecta a una capa de tecnología por encima de una infraestructura, sino a una concepción totalmente nueva.
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Foto: Antoni Gutiérrez-Rubí apuesta por un rediseño profundo de los servicios e infraestructuras de la ciudad gracias a la tecnología y por nuevos modelos de gobe anza. Crédito: Ideograma.
nEn su libro sostiene que el siglo XXI será el siglo de las ciudades unidas, ¿qué significa esto?
nTenemos la Unión Europea y las Naciones Unidas, pero las grandes coaliciones de ciudades como la C40, que engloba a 91 metrópolis contra el cambio climático, son todavía muy débiles. Creo que el futuro de España no se puede imaginar sin una coalición de las diez principales metrópolis de nuestro país, porque sin ciudades unidas no hay posibilidades de una nueva gobe anza.
nDesde que empezamos nuestro periodo constitucional, nunca un alcalde se ha sentado en un consejo de ministros, no ha habido un solo pleno en el que un alcalde de Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia haya ido a una sesión parlamentaria donde se hablen de los problemas de las ciudades. Me parece una locura que no haya un consejo de alcaldes. No se puede ejecutar una política pública de futuro sin contar con los alcaldes metropolitanos. Ahí es donde están los retos y las oportunidades.
n¿Cómo deben ser esas ciudades del mañana?
nDebemos esperar ciudades más inteligentes y también más cívicas y ciudadanas. Si tengo más tecnología, pero el derecho a la movilidad, a la cultura y a la educación no aumenta, ¿para qué la quiero? Necesitamos una tecnología que no solo haga más eficientes las operaciones actuales, sino que amplíe, potencie, proteja y estimule el desarrollo de los derechos de ciudadanía. Esta es la clave. Por eso tecnología y derechos tienen tanto que ver.
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