
Hoy en día, se estima que 2.200 millones de personas siguen teniendo un acceso limitado o nulo a internet, en gran parte porque viven en lugares remotos. Pero esa cifra podría disminuir este año, gracias a las pruebas con aeronaves estratosféricas, aviones no tripulados y otras plataformas de gran altitud para ofrecer conectividad.
Aunque existen casi 10.000 satélites Starlink activos en órbita y la constelación OneWeb con 650 satélites, la cobertura de internet sólida no está garantizada en vastas regiones del planeta.
Uno de los esfuerzos más destacados para cerrar esta brecha de conectividad fue el proyecto Loon, de Google X. Lanzado en 2011, tenía como objetivo ofrecer acceso mediante globos de gran altitud estacionados sobre puntos predeterminados de la Tierra. Sin embargo, el proyecto se enfrentó a auténticos vientos en contra: los globos se desviaban constantemente y era necesario lanzar nuevos de manera continua, lo que hizo que la iniciativa resultara económicamente inviable.
Aunque Google cerró el mediático proyecto Loon en 2021, el trabajo en otros tipos de estaciones de plataforma de gran altitud (HAPS, por sus siglas en inglés) ha continuado discretamente. Ahora, varias empresas afirman haber solucionado los problemas de Loon mediante diseños distintos; en concreto, dirigibles maniobrables y vehículos aéreos no tripulados (UAVs, por sus siglas en inglés) de ala fija. Se están preparando para demostrar el potencial de estas tecnologías para transmitir internet a lo largo de este año, en pruebas sobre Japón e Indonesia.
Los reguladores también parecen estar reflexionando seriamente sobre las HAPS. A mediados de diciembre, por ejemplo, la Administración Federal de Aviación de EE UU (FAA, por sus siglas en inglés) publicó un documento de 50 páginas en el que describe cómo podría integrarse un gran número de plataformas HAPS en el espacio aéreo estadounidense. Según los datos de la American Community Survey (ACS) 2024 de la Oficina del Censo de EE UU, unos 8 millones de hogares estadounidenses (el 4,5% de la población) siguen completamente desconectados, y los defensores de las HAPS creen que esta tecnología podría conectarlos de forma más barata que las alternativas actuales.
A pesar del optimismo de las empresas implicadas, algunos analistas se mantienen cautelosos.
“El mercado de las HAPS ha sido realmente lento y complicado de desarrollar”, afirma Dallas Kasaboski, analista del sector espacial en la consultora Analysis Mason. Después de todo, añade Kasaboski, este enfoque ya ha tenido dificultades antes: “Varias empresas estaban muy interesadas, tenían grandes ambiciones, y luego simplemente no llegó a materializarse”.
Transmitiendo conexiones
Suspendidas en el aire tenue a más de 12 millas de altitud (unos 19 kilómetros), las HAPS tienen una posición única para transmitir conectividad de baja latencia y alta velocidad directamente a los usuarios de smartphones situados en zonas demasiado remotas y escasamente pobladas como para justificar el coste de tender cables de fibra óptica o construir estaciones terrestres de telefonía móvil.
“Los operadores de redes móviles tienen cierto compromiso de ofrecer cobertura, pero con frecuencia prefieren pagar una multa antes que cubrir estas zonas remotas”, señala Pierre‑Antoine Aubourg, director de tecnología de Aalto HAPS, una empresa derivada del fabricante aeroespacial europeo Airbus. “Con las HAPS, logramos que la conectividad remota sea rentable”.
Aalto HAPS ha construido un vehículo aéreo no tripulado (UAV) de propulsión solar con una envergadura de 25 metros, que ha realizado numerosos vuelos de prueba de larga duración en los últimos años. En abril de 2025, la aeronave, llamada Zephyr, batió un récord HAPS al permanecer en vuelo durante 67 días consecutivos. Los primeros meses de 2026 serán ajetreados para la empresa, según Aubourg: Zephyr realizará una prueba sobre el sur de Japón para ensayar la entrega de conectividad a los habitantes de algunas de las islas más pequeñas y peor conectadas del país.
Debido a su geografía única, Japón es un banco de pruebas ideal para las HAPS. Muchas de las aproximadamente 430 islas habitadas del país son remotas, montañosas y escasamente pobladas, lo que hace que conectarlas mediante torres celulares terrestres resulte demasiado costoso. Aalto HAPS está asociándose con los mayores operadores de redes móviles de Japón, NTT DOCOMO y el operador de satélites de telecomunicaciones Space Compass, que quieren utilizar Zephyr como parte de la infraestructura de telecomunicaciones de próxima generación.
“Las redes no terrestres tienen el potencial de transformar el ecosistema de comunicaciones de Japón, abordando el acceso a la conectividad en zonas de difícil acceso mientras apoyan la respuesta de nuestro país ante emergencias”, afirmó en un comunicado Shigehiro Hori, codirector ejecutivo de Space Compass.
Aubourg explica que Zephyr funcionará como otra torre celular dentro de la red de NTT DOCOMO, solo que estará situada muy por encima del planeta en lugar de sobre su superficie. Emitirá conectividad 5G de alta velocidad a los usuarios de smartphones sin necesidad de los terminales especializados que suelen ser necesarios para recibir internet por satélite. “Para el usuario en tierra, no hay diferencia cuando cambia de la red terrestre a la red HAPS”, asegura Aubourg. “Es exactamente la misma frecuencia y la misma red”.
La empresa Sceye, con sede en Nuevo México (Nuevo México, EE UU), que ha desarrollado un dirigible solar impulsado por helio, también tiene a Japón en el punto de mira para ensayos precomerciales de su servicio de conectividad estratosférica este año. La firma, que probó exhaustivamente su estilizada aeronave de 65 metros de longitud en 2025, está trabajando con el gigante japonés de las telecomunicaciones SoftBank. Al igual que NTT DOCOMO, SoftBank apuesta por las HAPS para llevar sus redes a “otro nivel”.
Mikkel Frandsen, fundador y director ejecutivo de Sceye, afirma que su empresa tuvo éxito donde Loon fracasó al apostar por las ventajas que ofrece la forma más controlable de un dirigible, una aviónica inteligente y baterías innovadoras capaces de alimentar un ventilador eléctrico que mantiene la aeronave en su posición.
“Loon de Google fue revolucionario, pero utilizaban un formato de globo y, a pesar de los algoritmos avanzados y la capacidad de cambiar de altitud para encontrar direcciones y velocidades de viento favorables, el sistema de Loon dependía de vientos propicios para permanecer sobre un área objetivo, lo que generaba un rendimiento de estacionamiento impredecible”, afirma Frandsen. “Esto requería una gran cantidad de globos en el aire para tener relativa certeza de que uno se mantendría sobre la zona de operación, algo financieramente inviable”.
Añade que el dirigible de Sceye puede “apuntarse contra el viento” y mantener su posición de forma mucho más eficaz.
“Tenemos una superficie significativa, lo que nos proporciona espacio físico suficiente para levantar más de 250 kilogramos y albergar paneles solares y baterías”, explica, “lo que permite a Sceye mantener la energía durante los ciclos día-noche y, por tanto, permanecer sobre un área de operación manteniendo la altitud”.
La persistente brecha digital
El internet por satélite tiene actualmente un coste demasiado alto para personas en países en desarrollo, señala Kasaboski. Por ejemplo, las suscripciones de Starlink empiezan en 10 dólares al mes (unos 8,46€) en África, pero millones de personas en estas regiones sobreviven con apenas 2 dólares al día (unos 1,69€).
Frandsen y Aubourg afirman que las HAPS pueden conectar a la población mundial no conectada de forma más económica. Como los satélites en órbita terrestre baja se desplazan a gran velocidad alrededor del planeta, desaparecen rápidamente del campo visual de un terminal terrestre, lo que implica que se necesitan grandes cantidades de satélites para ofrecer cobertura continua. Las HAPS pueden flotar en un punto, proporcionando una vista constante de una región, y se pueden lanzar más HAPS para cubrir mayor demanda.
“Si quieres ofrecer conectividad con una constelación en órbita terrestre baja en un solo lugar, aun así necesitas una constelación completa”, explica Aubourg. “Nosotros podemos ofrecer conectividad con una sola aeronave en una ubicación. Y después podemos ajustar mucho mejor el tamaño de la flota según la cobertura de mercado que necesitemos”.
Starlink recibe mucha atención, pero el internet por satélite tiene grandes inconvenientes, advierte Frandsen. Uno importante es que su ancho de banda se diluye cuando crece el número de usuarios en un área.
En una entrevista reciente, el cofundador de Starlink, Elon Musk, comparó los haces de Starlink con una linterna: dada la distancia a la que orbitan los satélites, el cono de luz es amplio y cubre una gran área. Eso funciona cuando los usuarios son pocos y están muy dispersos, pero puede convertirse en un problema cuando la densidad aumenta.
Por ejemplo, tecnólogos de defensa ucranianos han señalado que el ancho de banda de Starlink puede caer en el frente hasta apenas 10 megabits por segundo, frente al pico de 220 Mbps cuando hay un uso intensivo de drones y robots terrestres. Los usuarios de Indonesia, un país insular al igual que Japón, también empezaron a reportar problemas con Starlink poco después de su introducción en 2024: de nuevo, el ancho de banda disminuía a medida que aumentaba el número de suscriptores.
De hecho, afirma Frandsen, el rendimiento de Starlink deja de ser óptimo cuando el número de usuarios supera una persona por kilómetro cuadrado. Y eso puede ocurrir casi en cualquier lugar: incluso comunidades isleñas relativamente aisladas pueden tener cientos o miles de habitantes en un área pequeña. “Existe una relación entre la altitud y la población que puedes servir”, afirma Frandsen. “No puedes acercar el espacio a la superficie del planeta. Así que las telecos quieren usar la estratosfera para llegar a poblaciones rurales a las que de otro modo no podrían servir”. Starlink no respondió a nuestras consultas sobre estos desafíos.
Más barato y más rápido
Sceye y Aalto HAPS conciben sus vehículos estratosféricos como parte de redes de telecomunicaciones integradas que incluyen tanto torres celulares terrestres como satélites. Pero no son los únicos en esta carrera.
World Mobile, una empresa de telecomunicaciones con sede en Londres (Inglaterra, Reino Unido), cree que su UAV de gran altitud impulsado por hidrógeno puede competir directamente con las megaconstelaciones de satélites. La compañía adquirió el año pasado a Stratospheric Platforms, desarrolladora de HAPS. Este año planea probar en vuelo una innovadora antena de matriz en fase, que, según afirma, será capaz de ofrecer un ancho de banda de 200 megabits por segundo, suficiente para permitir transmisión de vídeo en ultra alta definición a 500.000 usuarios simultáneos sobre un área de 15.000 kilómetros cuadrados (equivalente a la cobertura de más de 500 torres celulares terrestres, según la empresa).
El año pasado, World Mobile también firmó una asociación con el operador indonesio Protelindo para construir un prototipo de aeronave Stratomast, con pruebas previstas para finales de 2027.
Richard Deakin, director ejecutivo de la división estratosférica de World Mobile, World Mobile Stratospheric, afirma que solo nueve Stratomasts podrían suministrar conectividad de alta velocidad a los 5,5 millones de residentes de Escocia, a un coste de 40 millones de libras esterlinas al año (unos 54 millones de dólares, o unos 45,68 millones de euros). Esto equivale a unos 60 peniques (80 centavos; unos 68céntimos) por persona al mes, señala. Las suscripciones de Starlink en el Reino Unido, del que Escocia forma parte, cuestan 75 libras (100 dólares; unos 84,6 eurod) al mes.
Un pasado complicado
Las empresas que trabajan en HAPS también destacan la conveniencia de poder desplegar estas plataformas rápidamente en zonas afectadas por conflictos bélicos o desastres naturales, como el huracán María en Puerto Rico (EE UU), tras el cual Loon desempeñó un papel importante. Además, aseguran que las HAPS permitirían a naciones pequeñas obtener un control completo sobre su infraestructura de internet estratosférico sin depender de megaconstelaciones gestionadas por países más grandes, lo cual es un factor clave en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y alianzas inestables.
Sin embargo, los analistas mantienen cierta cautela y proyectan que el mercado de HAPS alcanzará un modesto valor de 1.900 millones de dólares (unos 1.607,4 millones de euros) para 2033. La industria del internet por satélite, por otro lado, se estima que alcanzará los 33.440 millones de dólares (unos 28,39 mil millones de euros) para 2030, según algunas proyecciones.
El uso de HAPS para proporcionar internet a ubicaciones remotas se ha explorado desde la década de 1990, casi tanto tiempo como el concepto de megaconstelaciones en órbita terrestre baja. Sin embargo, esta tecnología estratosférica aparentemente más rentable perdió terreno frente a las flotas espaciales debido a la caída de los costes de lanzamiento y a las ambiciosas inversiones de SpaceX, la empresa de Elon Musk.
Google no fue la única gran tecnológica que exploró la idea HAPS. Facebook también desarrolló un proyecto, llamado Aquila, que se abandonó tras enfrentar dificultades técnicas. Aunque los fabricantes actuales de HAPS aseguran haber resuelto los problemas que acabaron con sus predecesores, Kasaboski advierte que ahora juegan a otro nivel: competir contra megaconstelaciones de internet ya consolidadas. A finales de este año, afirma, será mucho más evidente si realmente tienen posibilidades de lograrlo.





