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Una campaña «QuitGPT» insta a las personas a cancelar sus suscripciones a ChatGPT

En septiembre, Alfred Stephen, un desarrollador autónomo de software en Singapur, adquirió una suscripción a ChatGPT Plus, que cuesta 20 dólares al mes (unos 16,83 €) y ofrece mayor acceso a modelos avanzados, con el objetivo de acelerar su trabajo. Pero terminó frustrado con las capacidades de codificación del chatbot y con sus respuestas excesivamente efusivas y divagantes. Fue entonces cuando se encontró con una publicación en Reddit sobre una campaña llamada QuitGPT 

La campaña instaba a los usuarios de ChatGPT a cancelar sus suscripciones, señalando una aportación considerable del presidente de OpenAI, Greg Brockman, al super PAC MAGA Inc., vinculado al presidente Donald Trump. También destacaba que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE UU (ICE, por sus siglas en inglés) utiliza una herramienta de selección de currículos impulsada por ChatGPT‑4. Esta agencia federal se ha convertido en un punto de tensión política desde que sus agentes mataran a dos personas en Minneapolis (Minnesota, EE UU) en enero.  

Para Stephen, que ya había estado trasteando con otros chatbots, enterarse de la donación de Brockman fue la gota que colmó el vaso. “Eso sí que fue la puntilla”, afirma. Cuando canceló su suscripción a ChatGPT, apareció una encuesta preguntándole qué podría haber hecho OpenAI para conservar su suscripción. “No apoyar al régimen fascista”, escribió. 

QuitGPT es uno de los últimos ataques dentro de un movimiento creciente entre activistas y usuarios desencantados para cancelar sus suscripciones. En las últimas semanas, los usuarios han inundado Reddit con historias sobre cómo abandonaron el chatbot. Muchos lamentaban el rendimiento de GPT‑5.2, el modelo más reciente. Otros compartían memes que parodiaban la actitud servil del chatbot. Algunos incluso planearon una “Fiesta de Cancelación Masiva” en San Francisco (California, EE UU), una referencia sarcástica al funeral de GPT‑4o que un empleado de OpenAI había insinuado, burlándose de los usuarios que lamentan la retirada inminente del modelo. Otros, por su parte, protestan por lo que consideran una creciente implicación de OpenAI con la administración Trump. 

OpenAI no respondió a una solicitud de comentarios. 

A diciembre de 2025, ChatGPT tenía casi 900 millones de usuarios activos semanales, según The Information. Aunque no está claro cuántos usuarios se han sumado al boicot, QuitGPT está ganando visibilidad. Una publicación reciente de la campaña en Instagram tiene más de 36 millones de visualizaciones y 1,3 millones de “me gusta”. Y los organizadores afirman que más de 17.000 personas se han inscrito en el sitio web de la campaña, que pregunta a los usuarios si cancelaron sus suscripciones, si se comprometen a dejar de usar ChatGPT o si compartirán la campaña en redes sociales. 

“Hay muchos ejemplos de campañas fallidas como esta, pero también hemos visto mucha eficacia”, afirma Dana Fisher, socióloga de American University. Una oleada de cancelaciones rara vez cambia el comportamiento de una empresa, a menos que alcance una masa crítica, señala. “El punto de presión que podría funcionar está en el comportamiento del consumidor, si suficientes personas realmente utilizan su… dinero para expresar sus opiniones políticas.” 

MIT Technology Review contactó con tres empleados de OpenAI, ninguno de los cuales afirmó estar familiarizado con la campaña. 

Decenas de adolescentes y veinteañeros de tendencia progresista dispersos por Estados Unidos se unieron a finales de enero para organizar QuitGPT. Entre ellos hay activistas prodemocracia, organizadores de movimientos climáticos, techies y autoproclamados ciberlibertarios, muchos de ellos con amplia experiencia en campañas populares. Se inspiraron en un vídeo viral publicado por Scott Galloway, profesor de marketing en la Universidad de Nueva York (Nueva York, EE UU) y presentador de The Prof G Pod. En él sostenía que la mejor manera de frenar a ICE era convencer a la gente de cancelar sus suscripciones a ChatGPT. Reducir la base de suscriptores de OpenAI podría generar efectos en cadena en el mercado bursátil y amenazar una recesión económica que empujaría a Trump, afirmaba. 

“Hacemos suficiente ruido para que OpenAI y todas las empresas de toda la industria de la IA tengan que plantearse si realmente podrán seguir habilitando a Trump, a ICE y al autoritarismo”, afirma un organizador de QuitGPT que pidió mantener el anonimato porque teme represalias por parte de OpenAI, citando las citaciones judiciales recientes de la compañía contra activistas en organizaciones sin ánimo de lucro. OpenAI era un primer objetivo obvio para el movimiento, señala, pero “esto va de muchísimo más que solo OpenAI”. 

Simon Rosenblum-Larson, organizador laboral en Madison (Wisconsin, EE UU), que impulsa movimientos para regular el desarrollo de centros de datos, se unió a la campaña después de conocerla a través de chats en Signal entre activistas comunitarios. “El objetivo aquí es retirar los pilares de apoyo de la administración Trump. Dependen de muchos de estos multimillonarios tecnológicos para conseguir apoyo y recursos”, afirma. 

El sitio web de QuitGPT señala nuevos informes de financiación de campañas que muestran que Greg Brockman y su esposa donaron cada uno 12,5 millones de dólares (unos 10,52 millones de euros) a MAGA Inc., lo que constituye casi una cuarta parte de los aproximadamente 102 millones de dólares (unos 85,85 millones de euros) recaudados en la segunda mitad de 2025. La información de que ICE utiliza una herramienta de cribado de currículos impulsada por ChatGPT‑4 proviene de un inventario de IA publicado por el Departamento de Seguridad Nacional en enero. 

QuitGPT sigue el modelo de la campaña recién lanzada por el propio Galloway, Resist and Unsubscribe. El movimiento insta a los consumidores a cancelar sus suscripciones a las plataformas de las grandes tecnológicas, incluido ChatGPT, durante el mes de febrero, como protesta contra las empresas que, según dicen, “impulsan los mercados y respaldan a nuestro presidente”. 

Mucha gente siente una ansiedad real”, declaró Galloway a MIT Technology Review. “Si combinas el hecho de respaldar a un presidente, la cercanía al presidente y la inquietud en torno a la IA”, afirma, “y ahora la gente empieza a actuar con su cartera”. Galloway afirma que la web de su campaña puede recibir más de 200.000 visitas únicas en un solo día y que recibe docenas de mensajes directos cada hora con capturas de pantalla de suscripciones canceladas. 

Los boicots de los consumidores siguen a una creciente ola de presión desde dentro de las propias empresas. En las últimas semanas, los trabajadores del sector tecnológico han estado instando a sus empleadores a utilizar su influencia política para exigir que ICE abandone las ciudades de Estados Unidos, cancelar los contratos de las compañías con la agencia y pronunciarse contra sus actuaciones. Los directores ejecutivos han empezado a responder. Sam Altman, de OpenAI, escribió en un mensaje interno por Slack para los empleados que ICE está “yendo demasiado lejos”. El director ejecutivo de Apple, Tim Cook, pidió una “desescalada” en un memorando interno publicado en la intranet de la empresa para los trabajadores. Era un giro respecto a cómo los consejeros delegados de las grandes tecnológicas han cortejado al presidente Trump con cenas y donaciones desde su investidura. 

Aunque originados por una redada migratoria mortal, estos acontecimientos indican que un movimiento anti‑IA amplio está ganando impulso. Las campañas están aprovechando ansiedades latentes sobre la IA, explica Rosenblum-Larson, incluyendo los costes energéticos de los centros de datos, la plaga del deepfake porn, la crisis de salud mental adolescente, el apocalipsis laboral y la proliferación de contenidos basura. “Es un conjunto realmente extraño de coaliciones articuladas en torno al movimiento anti‑IA”, afirma. 

Esas son las condiciones adecuadas para que surja un movimiento”, afirma David Karpf, profesor de medios y asuntos públicos en la Universidad George Washington (Washington D. C., EE UU). La donación de Brockman al super PAC de Trump tomó por sorpresa a muchos usuarios, señala. “A largo plazo, veremos a los usuarios responder y reaccionar contra las grandes tecnológicas, decidiendo que no están de acuerdo con esto.”