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Si no tienes el hábito de seguir obsesivamente los mercados de materias primas, no te lo reprocho. (Aunque las noticias recientes dejan claro que los minerales pueden tener grandes implicaciones para la política global y la economía).

Pero ahora mismo merece la pena prestar especial atención al litio.

Este metal es fundamental para las baterías de iones de litio utilizadas en teléfonos y portátiles, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético a gran escala en la red. Los precios han sido muy volátiles en los últimos años y están volviendo a subir tras un periodo de caída. Lo que ocurra a continuación podría tener importantes implicaciones para la minería y la tecnología de baterías.

Antes de mirar hacia adelante, hagamos un breve repaso. En 2020, las ventas globales de vehículos eléctricos comenzaron a despegar, impulsando la demanda de litio para sus baterías. Debido a ese aumento de la demanda y a una oferta limitada, los precios se dispararon: el carbonato de litio pasó de menos de 10 dólares por kilogramo (aprox. 9 euros) a unos 70 dólares por kilogramo (aprox. 64 euros) en solo dos años.

Y el sector tecnológico tomó nota. Durante ese periodo de precios altos, hubo un gran interés en desarrollar baterías alternativas que no dependieran del litio. Se investigaron baterías basadas en sodio, baterías de hierro-aire e incluso otras experimentales hechas con plástico.

Investigadores y startups también buscaron nuevas formas de obtener litio, incluyendo el reciclaje de baterías y métodos de procesamiento como la extracción directa de litio.

Pero pronto los precios volvieron a caer. En Estados Unidos, la demanda de vehículos eléctricos fue menor de lo esperado y los desarrolladores aumentaron la producción minera y el procesamiento. A finales de 2024 y durante 2025, el carbonato de litio volvió a situarse en torno a 10 dólares por kilogramo (aprox. 9 euros). Evitar el litio o encontrar nuevas formas de obtenerlo dejó de parecer tan urgente.

Eso nos lleva al presente: los precios del litio están subiendo de nuevo. Por ahora, no se acercan al fuerte aumento de hace unos años, pero los analistas están atentos. El fuerte crecimiento de los vehículos eléctricos en China está desempeñando un papel clave, ya que estos representan alrededor del 75% de la demanda de baterías. Pero el crecimiento del almacenamiento estacionario, es decir, las baterías para la red, también está impulsando la demanda tanto en China como en Estados Unidos.

Los precios más altos podrían abrir nuevas oportunidades. Entre ellas, nuevas químicas de baterías, especialmente las de sodio-ion.

Pero no solo las baterías podrían verse afectadas. Otra industria que podría experimentar cambios importantes por la evolución del precio del litio es la extracción.

Hoy en día, la mayor parte del litio se extrae de roca, principalmente en Australia, y luego se envía a China para su procesamiento. Sin embargo, hay un esfuerzo creciente por procesar el mineral en otros lugares, a medida que los países intentan desarrollar sus propias cadenas de suministro. Tesla ha confirmado recientemente que ha iniciado la producción en su refinería de litio en Texas (Estados Unidos), cuya construcción comenzó en 2023. Podríamos ver más inversiones en plantas de procesamiento fuera de China si los precios siguen subiendo.

Este también podría ser un año clave para la extracción directa de litio. Esta tecnología utiliza procesos químicos o electroquímicos para extraer litio de salmueras (agua salada procedente de lagos salinos o reservas subterráneas) de forma rápida y económica. Empresas como Lilac Solutions, Standard Lithium y Rio Tinto están planificando o iniciando la construcción de instalaciones comerciales este año en Estados Unidos y Argentina.

Si hay algo que he aprendido siguiendo el sector de las baterías y los minerales en los últimos años es que predecir el futuro es imposible. Pero si buscas señales para interpretar lo que viene, merece la pena prestar atención al precio del litio.