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Una demostración clínica entre Burdeos y Pekín muestra cómo la telecirugía a larga distancia se está convirtiendo en una realidad. La Fundación Puigvert lidera la transición hacia un modelo de cirugía conectada, más accesible e inteligente. 

En el quirófano del centro de Burdeos (Francia), el cirujano Alberto Breda se sienta ante la consola robótica.
La luz de los monitores ilumina sus manos mientras maneja los mandos que controlan instrumentos quirúrgicos físicamente distantes, pero que funcionan como si estuviera allí. Frente a él no hay un paciente de carne y hueso. De hecho, el paciente se encuentra en Pekín (China), en un centro asociado, y entre los dos operadores hay más de 8.000 kilómetros y doce husos horarios. Sin embargo, por primera vez en Europa, esa intervención, una nefrectomía parcial robótica, se lleva a cabo con éxito gracias a una conexión de latencia ultrabaja, preparada específicamente para el evento. 

«La latencia nunca superó los 137 milisegundos, ya que por encima de los 300 no habría sido posible operar con seguridad», explica el doctor Breda. En Pekín, un cirujano local supervisa la intervención y permanece listo para intervenir en caso de imprevistos. «El colega en la sala tiene un papel aparentemente pasivo, pero es fundamental. Es él quien debe saber tomar el control si algo en la red no funciona, para garantizar la seguridad del paciente», explica Breda. 

El resto de la operación se desarrolla como una danza sincronizada: imágenes que atraviesan un continente en fracciones de segundo, instrumentos que responden en tiempo real, decisiones quirúrgicas tomadas en un lado del mundo y ejecutadas en el otro. La intervención concluye sin complicaciones. El paciente se despierta en el hospital de Pekín, el cirujano vuelve a apagar la consola en Burdeos, consciente de haber participado en algo histórico. «No es un experimento. Es el comienzo del futuro», afirma Breda. 

Hacia lo remoto 

La Fundación Puigvert, con sede en Barcelona (España), es desde hace más de veinte años un referente en cirugía robótica urológica. Fue la primera en España en poner en marcha un sistema robótico en 2005 y, en las décadas siguientes, ha acumulado primicias que han contribuido a redefinir la cirugía mínimamente invasiva en Europa: desde la primera nefrectomía pediátrica robótica hasta la primera cistectomía robótica y el primer trasplante renal totalmente robotizado, realizado en 2015. 

Hoy, bajo la dirección de Breda, presidente de la sección de Cirugía Robótica de la Asociación Europea de Urología (EAU, por sus siglas en inglés), la Fundación Puigvert está orientando su actividad hacia un nuevo paradigma, el de la cirugía remota y la telesupervisión. «El mayor potencial de la telecirugía es democratizar el acceso a los tratamientos más complejos», subraya Breda. «En muchas regiones del mundo no hay especialistas capaces de realizar ciertos procedimientos. La telecirugía permite a un cirujano experto ‘estar presente’ donde no podría llegar físicamente». 

La cirugía robótica ya no es una idea de futuro, sino una realidad consolidada. Un estudio publicado por la organización industrial MedTech Europe confirma que «el número de intervenciones quirúrgicas realizadas a distancia con tecnología robótica está aumentando y podría seguir creciendo en el futuro».  

Para hacer posible esta transición, la Fundación Puigvert ha construido un ecosistema que integra formación, investigación y estandarización. Ha creado una Cátedra de Cirugía Robótica Urológica con la Universitat Autònoma de Barcelona, integrando simulación, realidad virtual y programas de formación dedicados a la cirugía digital. Paralelamente, la EAU ha definido un protocolo oficial para regular los aspectos técnicos, éticos y legales de la telecirugía internacional, ofreciendo un marco común para los centros europeos. 

Sinergía perfecta 

La intervención entre Burdeos y Pekín demostró que una operación compleja solo puede realizarse a distancia si tres elementos fundamentales funcionan en perfecta sinergia: conectividad con latencia ultrabaja, robótica integrada y capital humano altamente especializado. 

Desde el punto de vista tecnológico, no basta con conectar una consola quirúrgica a la red. La latencia debe mantenerse dentro de unos límites muy estrictos: superar unas pocas decenas de milisegundos puede comprometer la sincronización entre el gesto del cirujano y el movimiento del brazo robótico. En la práctica diaria, esto ha requerido la creación de una línea de fibra óptica exclusiva, protegida por VPN, con streaming quirúrgico de muy alta definición y servidores replicados en varios continentes. 

El quirófano remoto se convierte en un entorno híbrido en el que la tecnología debe garantizar una fiabilidad absoluta. El cirujano principal opera desde la consola, guiando los brazos robóticos a través de la red dedicada, mientras que su voz, sus instrucciones y sus gestos se sincronizan en tiempo real con el equipo sobre el terreno. El equipo local permanece en estado de alerta operativa durante toda la intervención. «La presencia de un equipo formado y listo para tomar el relevo no es opcional, sino una garantía esencial para la seguridad del paciente», subraya Breda. 

Desde el punto de vista clínico, la telecirugía parece especialmente adecuada para intervenciones rutinarias, estructuradas y repetitivas, como nefrectomías parciales o prostatectomías, mientras que aún resulta complejo transferir a distancia procedimientos con una alta variabilidad anatómica o que presentan un riesgo vascular elevado, como los trasplantes. En este sentido, es previsible que la transición siga durante algunos años a través de un modelo híbrido: la asistencia remota complementará la cirugía tradicional, sin sustituirla de inmediato. 

En cuanto a la difusión y el impacto, un estudio publicado en publicado en Health Economics ha puesto de manifiesto que la adopción de la cirugía robótica está asociada a un aumento de la productividad hospitalaria de entre el 21% y el 26%, con una mejora de la productividad laboral del 29%.  

Esto sugiere que los beneficios no son solo clínicos, sino que afectan a la eficiencia general de los sistemas sanitarios, un elemento crucial si se considera la activación de intervenciones a distancia a escala internacional. 

Por último, el aspecto de la accesibilidad: poder distribuir competencias quirúrgicas avanzadas a nivel mundial significa reducir las desigualdades en el acceso a la atención sanitaria, evitar los desplazamientos internacionales de los cirujanos, disminuir los tiempos de espera y uniformizar los resultados clínicos. «No sería ético no hacerlo», afirma Breda, y concluye: «Con las tecnologías actuales, podemos llevar la experiencia de un gran centro a lugares donde normalmente no llegaría». 

La Fundación Puigvert ya está trabajando en la siguiente fase: integrar la inteligencia artificial intraoperatoria, las herramientas de predicción de riesgos, la navegación guiada por datos y las nuevas plataformas de supervisión remota. El modelo es ambicioso, pero concreto: basándose en las cifras y la experiencia clínica, la cirugía global interconectada ya no es un horizonte lejano.