¿Cómo se traduce la materia física de nuestros cerebros en pensamientos, sensaciones y emociones? Es difícil explorar esa cuestión sin neurocirugía. Pero en un artículo reciente, el filósofo del MIT Matthias Michel, el investigador de Lincoln Lab Daniel Freeman y sus colegas esbozan una estrategia para hacerlo con una herramienta emergente llamada ultrasonido transcraneal focalizado.
Esta tecnología no invasiva llega a mayor profundidad en el cerebro, con mayor resolución, que técnicas como el EEG y la resonancia magnética. Funciona enviando ondas acústicas a través del cráneo para focalizarse en un área de pocos milímetros, lo que permite estimular estructuras cerebrales específicas para poder estudiar sus efectos.
Los investigadores plantean un enfoque experimental que utilizaría la herramienta para ayudar a probar dos concepciones contrapuestas de la conciencia. El concepto «cognitivista» sostiene que la actividad cerebral que genera la experiencia consciente debe implicar procesos de nivel superior como el razonamiento o la autorreflexión, probablemente utilizando la corteza frontal. La idea «no-cognitivista» es que patrones específicos de actividad neuronal —más localizados en estructuras subcorticales o en la parte posterior de la corteza— dan lugar a experiencias subjetivas directamente.
«Esta es una herramienta que no solo es útil para la medicina, o incluso para la ciencia básica, sino que también podría ayudar a abordar el difícil problema de la conciencia», dice Freeman. «Puede sondear dónde están en el cerebro los circuitos neuronales que generan una sensación de dolor, una sensación de visión, o incluso algo tan complejo como el pensamiento humano.»

