Una detallada investigación realizada por el New York Times publicada el pasado lunes revela bastantes indicios de despilfarro de fondos, encubrimientos y confusión en el proyecto Kemper. A no ser que cambie la situación rápida y drásticamente, la situación de Kemper amenaza la confianza en la suposición del Gobie o de Estados Unidos de que el carbón limpio puede resultar rentable.
Por desgracia, Kemper es sólo la última señal de que el carbón limpio, tras décadas de investigaciones y miles de millones de euros en desarrollo, representa un oxímoron, al menos en cualquier sentido económicamente realista. Desde la malavenida planta FutureGen, que zozobró antes de ser decomisionada bajo la administración del entonces presidente estadounidense George W. Bush, hasta el proyecto Boundary Dam de Canadá y la bancarrota del gigante del carbón Peabody Energy, que apostó fuerte por la idea de la energía libre de carbono, las historias de éxito han sido escasas y muy espaciadas.
En cambio cada vez hay más pruebas que indican que no importa cuánto dinero se invierta en este problema, la quema de carbón y la extracción del dióxido de carbono resultante siguen siendo demasiado caras para que las energéticas consideren implementarlas a escala. A no ser que esas empresas sean, como señala el artículo del New York Times, respaldadas por influyentes políticos estatales y estén dispuestas a subir los precios de la electricidad local para pagar una tecnología que no se encuentra ni remotamente cerca de lleva os a un futuro libre de carbono, y tal vez nunca llegue a serlo.
(Para saber más: New York Times, El sueño del 'carbón limpio' se sigue alejando con la quiebra de Peabody Energy, China sigue inmersa en su propia crisis del carbón)

