Pantalla. Para ocultarse, protegerse, refugiarse. Esa palabra significa invisibilidad. Me escondía detrás de la pantalla. Nadie puede ver a través de la pantalla. La pantalla se oculta a sí misma: los sensores y láminas de vidrio y un leve resplandor en los bordes; ligera, más azul que un día de verano.
nLa pantalla también oculta a quienes la usan. Nuestros teléfonos son como extensiones de nuestros cuerpos, siempre nos atraen. Los algoritmos nos alimentan con imágenes. Las tocamos. Nos desplazamos por ellas con los dedos. Hacemos clic. Consumimos. Seguimos. Actualizamos. Nos reunimos en sitios solo para senta os en esquinas y navegar por Instagram. No podemos disfrutar de una puesta de Sol sin publicarlo en Snapchat. Ni mencionar la política de no usar el teléfono durante la cena.
nLa Generación Z busca sus derechos, está deprimida, sin rumbo, adicta y apática. O al menos eso es lo que los adultos dicen de nosotros.
nPero los adolescentes no usan las redes sociales solo para establecer conexiones sociales. Es algo más profundo. Las redes sociales se encuentran entre nuestras únicas oportunidades para crear y dar forma a nuestro sentido de identidad. Las redes sociales nos hacen senti os vistos. En nuestras "biografías" de Instagram, seleccionamos una línea de emojis que reflejan nuestras pasiones: esquiar, arte, debatir, carreras. Publicamos nuestros mayores logros y celebraciones. Creamos falsas cuentas "finsta" para compartir nuestros momentos diarios y nuestras vulnerabilidades con los amigos cercanos. Encontramos nuestras comunidades nicho de YouTubers.
nEs cierto que el constante flujo de imágenes idealizadas de las redes sociales pasa factura: en nuestra salud mental, nuestra propia imagen y nuestras vidas sociales. Al fin y al cabo, nuestra relación con la tecnología es multidimensional: nos valida tanto como nos hace senti os inseguros.
nPero si los adultos están preocupados por las redes sociales, deberían empezar por incluir a los adolescentes en las conversaciones sobre la tecnología. Deberían escuchar las ideas y las visiones de los adolescentes sobre los cambios positivos en el espacio digital. Deberían indicar formas alte ativas para que los adolescentes expresen su voz.
nLo he visto desde mi propia experiencia. Cuando tuve mi primera cuenta de redes sociales en secundaria (aproximadamente un año más tarde que muchos de mis compañeros de clase), principalmente buscaba encajar. Sin embargo, pronto descubrí la avalancha de me gusta y comentarios sobre mis fotos. ¡Mi vida importaba! ¡Mis fotos de pies importaban! ¡Mis filtros! ¡Mis historias! ¡Mis seguidores! No solo buscaba no validación, también una forma de representarme a mí misma. ¿Cómo quiero que me vean? En inte et yo no estaba gritando hacia el vacío; por primera vez, me sentía muy visible.
nNo obstante, en el bachillerato, este ciclo de presentar versiones pulidas de mí misma se volvió agotador. Estaba cansada de sentir que me estaba perdiendo algo. Estaba cansada de añadirme a códigos sociales hipervisibles y tokens. En el décimo grado, ya solo usaba las redes sociales esporádicamente. Muchos de mis amigos pasaban por los mismos cambios y modificaciones de sus ideas sobre las redes sociales.
nPara mí, la razón más importante fue que había encontrado otro camino de autorrepresentarme: la escritura creativa. Empecé a escribir poesía, seguía a poetas en Twitter (con poemas que sustituían las fotos y noticias en mi muro) y pasaba la mayor parte de mi tiempo libre garabateando en un diario al aire libre. No necesitaba tanto Facebook. Si usaba las redes sociales, era más por los divertidos memes.
nEsto no quiere decir que cada adolescente deba empezar a crear arte. O que el arte resolverá todos los problemas de las redes sociales. Pero acercarse a la tecnología a través de una lente creativa es más efectivo que simplemente "crear conciencia". En vez de reducir a los adolescentes a las estadísticas, debemos asegura os de que tengan la oportunidad de contar sus propias experiencias de manera creativa.
nPor ejemplo, con los selfis. Para muchos adultos, los selfis no son más que imágenes narcisistas que se transmiten al mundo general. Pero incluso un selfi que representa un mero "estuve aquí" tiene un elemento de verdad. Igual que Frida Kahlo pintó autorretratos, nuestras autofotos construyen una pequeña parte de lo que somos. Nuestros selfis, aunque unidimensionales, son importantes para nosotros.
nEn este momento crítico en la vida de adolescentes y niños, todos necesitamos senti os menos solos y sentir que importamos. Los adolescentes son menospreciados por no estar "presentes". Sin embargo, encontramos la visibilidad en la tecnología. Nuestros selfis no son solo fotos; representan nuestra idea de cómo somos. Los adultos solo podrán entender cómo y por qué los adolescentes usan las redes sociales si se "replantean" la idea de selfi como un modo importante de auto-representación. Replantearse las cosas es el primer paso para empezar a escuchar las voces de los adolescentes.
nnNuestros selfies no son solo fotos; representan nuestra idea de cómo somos.
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Es decir, aunque suene aterrador, tenemos que empezar a escuchar a los desaliñados adolescentes que se atiborran a videojuegos en un sótano. Porque nuestra búsqueda del yo creativo no es tan diferente de la de las generaciones anteriores. Crecer con la tecnología, como ha hecho mi generación, consiste en cuestionarse constantemente a uno mismo, dividirse en multiplicidades, tratar de contener nuestras propias contradicciones. En Song of Myself, Walt Whitman dijo que se contradecía a sí mismo. El yo, dijo, es grande y contiene multitudes. Pero, ¿qué es la tecnología contemporánea sino un mecanismo para la contención de las multitudes?
nAsí que no debéis deci os que la tecnología ha arruinado nuestras vidas inte as. Decidnos que escribamos un poema. O un boceto. O que tejamos algo junto. O hablemos sobre cómo las redes sociales nos ayudan a dar sentido al mundo y a lo que nos rodea. Quizás los selfis no sean las representaciones más completas de nosotros mismos. Pero estamos intentando crear una identidad integrada de nosotros mismos. Nos esforzamos no solo por ser vistos, sino también por ver con nuestros propios ojos.
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