El Blog de los Editores de TR

Las redes sociales se han vuelto una mala versión de la tele que nos impide pensar

Internet cambió mucho en los seis años que pasé en la cárcel. Ahora los contenidos se basan en las emociones, no en la crítica. Están diseñados para entretenernos, no para que nos cuestionemos nada

Hossein Derakhshan 20/12/2016

Si le digo que las redes sociales ayudaron a Donald Trump durante las elecciones, puede que le vengan a la mente las noticias falsas de Facebook. Pero incluso aunque Facebook arreglara los algoritmos que promueven las historias falsas, hay otro factor en juego: la televisión tiene el predominio absoluto sobre otros medios de comunicación en las noticias que aparecen en redes sociales.

Llevo advirtiendo de esto desde noviembre de 2014, cuando fui liberado tras seis años de encarcelamiento en Teherán (Irán), un castigo que me fue impuesto por mi activismo en línea en Irán. Antes de ingresar en la cárcel, escribía mucho sobre sobre lo que ahora llamo la web abierta: un concepto descentralizado, enfocado en el formato texto y repleto de enlaces a materiales fuentes y un rico contexto. La web abierta fomentaba la diversidad de opiniones. Estaba relacionada con el mundo de los libros.

Entonces me desconecté durante seis años. Pero cuando salí de la cárcel y volví conectarme a internet, me encontré un mundo muy distinto. Facebook y Twitter habían reemplazado a los blogs y convertido internet en una especie de televisión: centralizado y enfocado en imágenes, con contenidos incrustados en fotos y sin enlaces.


Crédito: Sarah Mazzetti.

Al igual que la tele, ahora internet nos entretiene e incluso potencia nuestros ideales y hábitos, incluso más que en su día lo hacía la caja tonta. Más que pensar, internet nos hace sentir, y nos reconforta más de lo que estimula nuestra autocrítica. El resultado es una sociedad profundamente fragmentada, impulsada por emociones y radicalizada por la falta de contacto y de refutaciones externas. Por eso el Diccionario Oxford seleccionó el término "posverdad" como la palabra del año 2016. Este adjetivo "se refiere a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes a la hora de dar forma a la opinión pública que las apelaciones a las emociones".

Neil Postman proporcionó algunas pistas sobre esto en su revelador libro de 1985, Amusing Ourselves to Death: Public Discourse in the Age of Show Business (Entreteniéndonos hasta la muerte: El discurso público en la era del mundo del espectáculo). Este académico experto en medios de comunicacion de la Universidad de Nueva York (EEUU) ya observó entonces cómo la televisión transformaba el discurso público en un intercambio de emociones volátiles que los encuestadores confunden regularmente con opiniones. Uno de los resultados más terroríficos de esta transición, escribió Postman, es que la televisión acababa convirtiendo todas las noticias en desinformación.

"La desinformación no significa informaciones falsas, sino informaciones engañosas. Son informaciones fuera de lugar, irrelevantes, fragmentadas o superficiales... Informaciones que generan la ilusión de conocer algo pero que de hecho le aleja a uno del conocimiento.... El problema no es que la televisión nos presente temas entretenidos sino que todos los temas son presentados como entretenidos".

Y, como argumentó Postman, cuando las noticias se construyen como forma de entretenimiento, inevitablemente pierden su función para una democracia sana. El experto continúa:

"Esto es mucho más grave que solo ser privados de informaciones auténticas. Estoy diciendo que estamos perdiendo nuestra comprensión de lo que significa estar bien informados. La ignorancia siempre es corregible. Pero, ¿qué haremos si confundimos la ignorancia con el conocimiento?".

El problema con el internet actual, con menos textos e hipertextos (enriquecidos con hipervínculos), no solo es que comparta muchos de los males de la televisión sino además introduce otros males nuevos. La diferencia entre la televisión tradicional y la forma de televisión que se ha reencarnado como redes sociales es que este última es un medio personalizado. La televisión tradicional aún conlleva cierto elemento de sorpresa. Lo que se ve en las noticias televisivas aún es definido por profesionales humanos, y aunque ha de resultar entretenido para justificar su cara producción, aún tiene probabilidades de hacer que nos cuestionemos algunas de nuestras opiniones (es decir, emociones).

Las redes sociales, en cambio, emplean algoritmos para fomentar la comodidad y la complaciencia, puesto que su modelo de negocio al completo está construido para maximizar el tiempo que pasen los usuarios en ellas. ¿A quién le gustaría quedarse en un espacio donde todos parezcan mostrar actitudes negativas, antipáticas y de desaprobación? El resultado es una proliferación de emociones, una radicalización de esas emociones y una sociedad fragmentada. Esto es muchísimo más peligroso para la idea de una democracia fundada sobre la noción de la participación informada.

¿Qué se puede hacer ahora? Desde luego, el alza de Trump no se explica solo por una tecnología o un argumento centrado en los medios de comunicación. El fenómeno tiene raíces en más aspectos; los medios y la tecnología no crean nada, sólo tergiversan, desvían e interrumpen. Sin la creciente desigualdad, la menguante clase media y los empleos amenazados por la globalización no habría ni Trump, ni Berlusconi, ni Brexit. Pero tenemos que dejar de pensar que cualquier evolución de la tecnología es inevitable y natural y por tanto beneficiosa. Para empezar, necesitamos que haya más textos que vídeos para seguir siendo animales racionales. La tipografía, como describe Postman, es mucho más capaz de comunicar mensajes complejos que provoquen la reflexión. Esto significa que deberíamos escribir y leer más, hacer más hipervínculos, ver menos television y menos vídeos, y pasar menos tiempo en Facebook, Instagram y YouTube.

Si no podemos resistirnos, y si los algoritmos no nos ofrecen opiniones diferentes o contrarias, deberíamos buscarlas activamente. Podemos seguir a personas o páginas que no aparezcan en nuestras sugerencias. También podemos confundir sus algoritmos al darle un "Me gusta" a lo que nos disgusta, para que disponer de flujo de informaciones más diverso. Podemos instar a las redes sociales para que divulguen algunas características de sus algoritmos para hacerlos personalizables. Y debemos empezar a reaccionar a los contenidos con la mente y no con el corazón. Lo que necesitamos no son botones de Me gusta/No me gusta, sino opciones de Estoy de acuerdo/No estoy de acuerdo o Confío/Sospecho.

Nuestros hábitos y emociones nos están matando a nosotros y a nuestro planeta. Resistámonos a su atractivo letal.

*Hossein Derakshan es autor, analista de medios y artista de interpretación iraní-canadiense que vive en Teharán (Irán). Puede encontrar su último proyecto, una exploración de la intersección del arte escénico y el periodismo en @talkingtagsart

Noticia de última hora: A las mujeres también les gusta trabajar con tecnología

Aunque hay mujeres que se dedican a trabajos técnicos, casi no están representadas, y aún así, son pocas las que lo hacen, a pesar de que no les faltan ganas ni capacidades. Hay que arreglar esto

Eleonore Fournier-Tombs 15/12/2016

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Un reciente estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU) sobre el género y la ingeniería descubrió que a las mujeres les gusta cacharrear con herramientas, al igual que los hombres. Eso, para mí, es revelador. Como científica de datos femenina que trabaja para una empresa tecnológica con compañeras mujeres en todo tipo de puestos, observo su afición por cacharrear cada día. Las ingenieras de mi empresa siempre están manipulando los datos, dispositivos y códigos para abordar problemas complejos.

Por otro lado, al igual que la mayoría de la gente, soy consciente de que la sociedad aleja a las mujeres del trabajo técnico y las empuja hacia actividades más "blandas" como trabajos de secretaria y administrativos. La idea predominante es que a las mujeres se les da mejor organizar las cosas que arreglarlas. Y esta cuestión no se limita a la informática.

Aunque disfruto haciendo reparaciones en casa, nadie me ha regalado nunca una caja de herramientas. (Para que conste, me encantaría recibir una, gracias). Y nadie me ha dicho jamás que ganaría puntos con mi pareja si fuese capaz de arreglar una fuga de fontanería. Pero acabo de instalar un protector de salpicaduras en mi cocina, y el nivel de dificultad fue un poco decepcionante.

La desafortunada realidad es que aún existe una barrera que separa a las mujeres de los trabajos técnicos y la ingeniería. Y no es una cuestión de habilidad sino derepresentación. Simplemente no se ven mujeres participando en estos tipos de actividades. Por tanto, puesto que son invisibles, se crea la sensación de que no es un tipo de trabajo que puedan realizar.

El estudio del MIT concluye que el sexismo que encuentran las mujeres en campos técnicos las disuade de perseguir estos campos. Todas las mujeres técnicas con las que trabajo a diario han tenido que enfrentarse a retos, tanto internos como externos, para llegar hasta donde están hoy.


Crédito: RedOwl.

En otro estudio de la Universidad de Stanford (EEUU) publicado este año, la mayoría de las mujeres encuestadas (todas ellas empleadas de Silicon Valley, EEUU) informaron de acoso laboral, sesgos, preguntas intrusivas sobre sus vidas familiares y juicios negativos sobre su actitud. Como ejemplo, un artículo de agosto del The Economist sobre deportistas en Silicon Valley, The Revenge of the Nerds (La venganza de los empollones), obvió por completo a las mujeres, y describió al "nuevo techie" como "deportistas musculados" con "pectorales divinos", ignorando por completo la existencia de ingenieras femeninas.

El problema de la representación no sólo importa por los acosos que experimentan las mujeres en el trabajo, sino también por que impide que las mujeres dispongan una trayectoria vital para la que muchas están perfectamente adecuadas. Y las empresas que necesitan empleados capacitados, creativos y apasionados se están privando a sí mismas de la mitad de la fuerza laboral en potencia. En su lugar, o las están echando de los trabajos a base del acoso o las están ignorando totalmente.

No solo debemos animar a las mujeres para que persigan trabajos técnicos, también deben ser respaldadas cuando forman parte de la fuerza laboral. Es necesario que se sepa que las mujeres siguen enfrentándose a duras condiciones laborales, y también que las empresas necesitan proporcionarles apoyos y mentores. Las mujeres en la tecnología necesitan organizarse y sensibilizar a sus compañeros sobre su presencia, el trabajo que realizan y el tipo de proyectos técnicos en los que les gustaría participar.

Estas navidades, tal vez podamos saltarnos los anuncios de perfumes y presentar a mujeres que reciben un regalo que realmente quieren: un disco duro externo o un libro sobre programación Unix. Demostremos a las mujeres otro posible camino, uno que conlleve construir, arreglar y, sí, hasta cacharrear.

*Eleonore Fournier-Tombs es científica de datos de RedOwl, una empresa de analítica del comportamiento humano que detecta y frena amenazas internas.

Dejen de pedir la renta básica universal, la inteligencia artificial aún es tonta

Hasta los trabajos más sencillos requieren habilidades que la IA aún no controla ni de lejos. Puede que tengamos que replantear ciertas cosas, pero el empleo está garantizado de momento, creo

Vincent Conitzer 29/11/2016

No pasa ni un día sin que oigamos hablar de la amenaza de que la inteligencia artificial (IA) elimine los empleos de todo tipo de profesionales, desde camioneros hasta contables y radiólogos. Un análisis de McKinsey sugirió que las "tecnologías actuales podrían automatizar el 45% de las actividades por las la gente cobra hoy en día". Incluso hay herramientas digitales basadas en investigaciones de la Universidad de Oxford (Reino Unido) para calcular la probabilidad de que varios empleos sean automatizados.

Esta preocupación por que los progresos en la IA vuelvan obsoleta a la mayoría de las labores humanas ha hecho que algunos lancen un llamamiento para una renta básica universal, por la que todos los ciudadanos recibirían ingresos periódicamente y sin condiciones del estado (ver Los robots y la inteligencia artificial reavivan el sueño de la renta básica universal). Y Combinator, una destacada incubadora de start-ups de Silicon Valley (EEUU), realizará un estudio piloto de una renta básica en Oakland (EEUU), y su presidente ha dicho que "en algún momento del futuro, a medida que la tecnología siga eliminando empleos tradicionales y se genere una masiva y nueva riqueza, veremos alguna versión de esto a escala nacional". Un borrador de informe del Parlamento Europeo declaró recientemente que en vista de los posibles efectos sobre el mercado laboral de la robótica y la IA, "debería considerarse seriamente una renta básica" y la organización "invita a todos los Estados Miembros a hacerlo". Y en junio de este año, Suiza hasta celebró un referéndum sobre la renta básica (aunque el 77% votó en contra).

Pero, ¿de verdad el colapso de la demanda de mano de obra humana es tan inminente? Como experto en inteligencia artificial, creo que la respuesta es no, y explicaré por qué.

Para ser claro, sí creo que se van a producir importantes avances de la IA en un futuro próximo, y que tendrán un importante impacto sobre el mercado laboral. Dados los progresos de los vehículos autónomos, uno puede imaginar que muchos empleos de conducción serán en gran parte eliminados. Se están dando pasos importantes en el análisis automatizado de las imágenes médicas y otros datos. Los algoritmos están asumiendo una proporción cada vez mayor del trabajo del sector financiero. Los robots cocineros están en desarrollo. La lista sigue creciendo.

Por otra parte, también está bien ser algo escéptico. Pregúntese: ¿hasta qué punto le impresionan los progresos de las aspiradoras robóticas de la última década? ¿Y los progresos de los lavavajillas? En realidad, diseñar sistemas de IA totalmente autónomos para trabajar en los desorganizados entornos del mundo real es difícil. A nivel general, los sistemas actuales de IA no tienen un amplio entendimiento del mundo, incluidas nuestras convenciones sociales, y resulta notablemente complicado lograr que los ordenadores contesten a muchos tipos de preguntas sencillas (ver Un examen más duro que el de Turing revela que las máquinas aún son estúpidas).

Los sistemas de IA aún no controlan el pensamiento abstracto, no son capaces de dar un paso atrás para inspeccionar su propio proceso de razonamiento y generalizar lo que sucede. Por ello, siguen estando limitados en el área de la creatividad. Pueden elaborar nuevas soluciones para los problemas: por ejemplo, AlphaGo de Google DeepMind realizó una jugada extremadamente inusual durante uno de sus enfrentamientos contra el campeón humano de Go Lee Sedol. Puede generar algunos tipos de arte, como el arte aparentemente psicodélico generado por las redes neuronales por Google DeepDream. Pero no es el tipo de creatividad que proporciona una perspectiva nueva sobre la situación actual. Y no tenemos necesidad de acudir a hazañas tan complicadas como, digamos, la formulación de Einstein de la teoría de la relatividad para encontrar ejemplos de tal creatividad en los trabajos humanos. Consideremos, por ejemplo, un asistente que sugiera combinar dos reuniones en una para ahorrar tiempo. Tal resolución de problemas nos resulta bastante rutinaria a nosotros, pero resultaría muy difícil de replicar en un sistema de programación de IA.

En general, cuando intentamos que la IA ejecute trabajos reales, a menudo descubrimos que fracasa en cosas en las que jamás fallaría un humano. La historia de la inteligencia artificial está repleta de ejemplos en los que los investigadores crearon sistemas de IA que funcionaban sorprendentemente bien en una tarea bien definida, sólo para descubrir que aún resulta difícil reemplazar a las personas que ejecutan tareas similares en el mundo real más caótico.

Tal vez lo más probable sea que los empleos se eliminen parcialmente porque parte del trabajo puede ser realizado por la IA. Los avances tecnológicos también podrían facilitar aún más la subcontratación de tareas a personas ubicadas en diferentes partes del mundo. Al mismo tiempo, muchos empleos seguirán siendo inmunes, al menos durante el futuro previsible, porque requieren habilidades fundamentales que son difíciles de replicar con la IA. Consideremos, por ejemplo, los psicólogos, entrenadores y profesores de educación infantil. Sus trabajos requieren un entendimiento general del mundo incluidos la psicología humana y el razonamiento social, la capacidad de lidiar con circunstancias inusuales, y mucho más. La IA hasta podría volver a introducir a algunas personas a la fuerza laboral. Por ejemplo, los progresos en la robótica podrían facilitar que las personas discapacitadas ocupen algunos puestos, y los progresos en el procesamiento del lenguaje natural podrían lograr lo mismo para personas que tienen dificultades para utilizar las interfaces informáticas actuales.

Ahora bien, es posible que me equivoque del todo, y que los progresos en la IA se produzcan mucho más rápido de lo que espero. Los avances tecnológicos son notoriamente difíciles de prever. Pero si uno cree realmente que existe una buena posibilidad de que la IA superará ampliamente las capacidades humanas en un plazo relativamente corto, entonces como especie tenemos problemas mayores que el hecho de implementar una renta básica (de hecho, hay algunas personas que se preocupan seriamente por esto, pero eso es el tema de otro artículo distinto).

La idea de que los avances más recientes de la inteligencia artificial impidan que la mayoría de la gente contribuya a la sociedad es una tontería. Puede que tengamos que cambiar algunas cosas sobre cómo funciona la sociedad, como volver a formar a los trabajadores desplazados, y tal vez en en algún momento haya que aumentar el gasto público en (digamos) proyectos de infraestructuras cuidadosamente seleccionados para contrarrestar las pérdidas de empleo en el sector privado. También deberíamos tener en cuenta que los avances de la IA podrían producirse de forma inesperada, y esforzarnos en prepararnos y hacer que la sociedad resista ante tales impactos. Pero la idea de que estemos a punto de entrar en una utopía tecnológica con una necesidad prácticamente nula de mano de obra humana no está respaldada por el estado actual de las investigaciones de IA. Los países que transformen completamente sus sistemas de bienestar de acuerdo a esta idea ahora pueden arrepentirse después de que se vuelva evidente que los recientes avances de la IA, a pesar de ser impresionantes, aún tienen sus limitaciones.

Vincent Conitzer es profesor de informática, economía y filosofía de la Universidad Duke (EEUU).

Si quiere saber más sobre el tema, tiene disponible nuestro Informe Especial: El Futuro del Empleo.

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